Mirando el cielo

Un día tuve que vaciar el tanque con agua porque necesitaba mantenimiento; como hay una persona retardada en casa, cuando dejaba el caño abierto para vaciarlo por la noche, me lo cerraba (karma, digo) por lo que tuve que hacerlo a mano, con un balde y una soga, a la fuerza que daba el brazo-hombro y a lo que permitía el dolor en los dedos.

Fueron unos 400 litros con un balde de 4 litros… lo hice porque nunca lo había hecho pero nunca lo volveré a hacer.

Mientras vaciaba el agua en una canaleta para lluvia comenzó a atardecer, los colores fueron cambiando desde el amarillo caliente hasta el fucsia encendido que anuncia la tranquilidad de la noche (pero bien de noche porque Lima es ruidosa, sobre todo, cuando otros no hacen bulla y la oportunidad sirve para hacerse notar).

Para entretener mi mente y no llegar a pensar que era “muy cansado” tirar el balde y sacarlo a la fuerza, empecé a observar a los pájaros que iban y venían entre azoteas de casas y edificios.

Diferencié 7 u 8 tipos diferentes de aves (no las reconocí exceptuando a las palomas cerebro de pasa).

Volaban y volaban, llegaban a un techo, otras salían de otro.  El sacar el balde con agua después de atraparla (hay que tirarlo de cierta forma para que no quede flotando) se me hizo robótico porque observaba lo distante con fondo de colores cálidos y siluetas de fotografía -desde una azotea común que miraba a más azoteas comunes- porque el sol estaba detrás.

Me esforcé en entender porqué hay personas a quienes apasiona observar aves… y entendí que sienten, muy adentro, la necesidad de ser libres a través del deseo de volar; aquellos son los observadores de aves de corazón (y los mentales son los que conocen a todas las especies y plumas y colores y pueden dar cátedra no solicitada a quienes no nos interesan las aves).

El humano siempre ha tenido ese anhelo por volar (las máquinas lo parchan) tanto como tiene el anhelo por la Felicidad.  Lamentablemente, la ambivalencia sabotea el alcanzar aquella Felicidad y lo parchamos con cosas, jerarquías, vanidad y más ego; y el vuelo también es saboteado porque podríamos lograrlo: volar con el cuerpo, levitar, pero llenamos nuestras mentes con tantas ideas y conceptos egotistas que nos quedamos bien plantados -pesados- sobre el cemento caliente y justificándonos a través de sueños y de películas y de canciones sobre lo que [creemos que] somos y sobre lo que no podemos hacer.

Como la Mente lo crea todo y porque dejamos que nos la estructuraran, tenemos la realidad que tenemos.

Por ello nos queda anhelar, soñar, desear ser pájaros en vez de esforzarnos en recuperar nuestra humanidad (para empezar a SER humanos).

Entonces, no quiero ser humano, ya me cansé porque el SER es no-ser en este presente.  Así, en vez de mirar hacia el horizonte y vaticinar el futuro prefiero mirar el cielo y convencerme, nuevamente, de que el Universo es tan “inentendiblemente” grande que los rollos o líos que nos hacemos en la mente… son estupideces.

Los ídolos no existen The idols do not exist

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Lo positivo que hemos construido The positive we have built…

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Las enfermedades NUNCA son Illnesses are NEVER…

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Más agua…

Películas y documentales nos dicen que el agua limpia se acaba, que el planeta se seca, que los mares se ensucian, que los glaciares se derriten; nos muestran las guerras en los trasfondos político-económicos en muchos los países y con varias transnacionales.

¿Por qué esas películas no nos dicen que son las ciudades las que exigen más agua?

Si somos nosotros -aquellos que nos “preocupamos” por el ecosistema, por las reservas naturales y por la equidad en los servicios básicos en las ciudades- los que pagamos los recibos del agua que consumimos… ¿por qué no dejamos de desperdiciar?

Están los que riegan la vereda de cemento frente a su casa, los que riegan el pasto todos los días para que su casa “se vea bien”, quienes lavan sus autos todos los días porque “el auto dice quiénes son”, los que se bañan varias veces al día para mostrarse “frescos”, los que tienen piscinas y las vacían en el desagüe porque “ya está sucia” mientras que millones toman agua de un pozo, los que se sumergen en agua caliente todas las noches para relajarse y, además, están aquí mismito los millones que lavan los platos y sus dientes y se duchan con el agua corriendo de inicio a fin.

Como mucho de lo anterior es una (mala)costumbre mantenida por las familias por generaciones no parecen desperdicios… y nos creemos en el derecho de exigir que los Estados y las empresas den un agua con calidad y a bajo precio porque “pagamos nuestros impuestos”.

···

Ya puse piedras -sin cemento- donde había pasto, ahora sólo tengo 2 plantas resistentes a las que riego con unos 4 o 5 litros 2 veces a la semana (como el volumen de un balde para pintura) durante lo que creemos es Verano en Lima y ninguna vez a la semana durante lo que creemos es Invierno en Lima.

Pienso -sueño- en que los baños deberían estar FUERA DE LAS CASAS (como en el antiguo Antes) y, así, no gastar agua e, incluso, juntar agua usada para “correr” el baño (con las debidas precauciones al utilizar agua de otras actividades: lavarse las manos, bañarse, lavar los platos y la comida).

Pienso en que las casas deberían tener TUBERÍAS DE AGUA EN LOS TECHOS (dentro del piso de las azoteas) para que se caliente esa agua y, así, enfriar esos techos durante los calientes veranos usando esa agua en toda la casa y no depender de ventiladores y, menos, de acondicionadores de aire.

Pienso en que las edificaciones grandes deberían tener CISTERNAS SUBTERRÁNEAS y grandes techos recolectores para el agua de lluvia y utilizarla durante la temporada caliente para el riego por goteo de sus plantas ornamentales.  Las ideas son infinitas (…como la desidia del humano).

Son soluciones simples que las ciudades no permiten aunque tengan una alta carga de tecnología como paneles y termas solares, control automático de incidencia solar directa y otros electrónicos dependientes de la electricidad.

Decimos que “queremos” un mundo mejor pero… quererlo no es Desearlo.

La verdadera Libertad viene de True Freedom comes from non…

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El calor no existe

El título significa que todo lo externo es ilusorio… mientras que la temperatura ambiental se eleva y la sensación de calor en una húmeda Lima hace sudar y sudar.

Mi piel es caliente, suda más… pero el calor no existe.  Los ventiladores tampoco (fueron vendidos) para esforzarnos en desvincularnos de nuestros cuerpos (hablo de mi compañera de vida y de mí).

Después de unas 3 semanas de sudar y de tener dificultades para dormir, la mente se apaciguó con puertas y ventanas ligeramente abiertas (por la bulla de la bulliciosa desconsiderada capital peruana).  Sigo sudando como en novela bucólica de realismo mágico; despierto en la madrugada para tomar unos 300ml de agua (puedo decir sobre el volumen porque en el vaso-jarra campesino de vidrio que tenía estaban marcados los mililitros).

Estamos en una “onda campesina”.  Cambiamos plásticos por vidrios y cerámicas por vidrios (vendimos y regalamos lo anterior, nada a la basura).  Estoy en búsqueda de un dispensador de aguas frescas como los que usaba el Chavo del 8 cuando las vendía en la calle… pero con un mejor diseño, no busco recordar a una carretilla que vende jugos y aguas de cáscaras hervidas en una avenida olorosa rodeada por tiendas variopintas en un cementoso y cable-enmarañado distrito (como la mayoría en Lima).

Retornando al sudor, me quitaba el “polo” (que horrible nombre utilizamos; es “sudadera” en otros países) durante esas primeras semanas de calor insoportable en las que sudaba sin parar hasta el oloroso momento antes de bañarme (me recordaba a habas con queso o a queso con queso…); y, distinto es, el sudor nocturno que sale mientras el cuerpo se repara a sí mismo (suma fetidez).

Felizmente, no utilizo desodorantes, entonces, debo dejar bien claro que no apesto a trapo sucio ni a feromonas ni a comidas condimentadas sino que mi olfato es sensible (soy espectro Asperger) y, por ello, no aguanto los olores constantes como, tampoco, los ruidos estridentes ni las luces agobiantes como de sol veraniego que desgasta mi cerebro hasta el punto del mal humor.

Y, aunque así sea, el calor no existe… eso sí lo puedo decir porque ya no me saco el “polo” para estar bajo un techo pintado con blanco por fuera (aún así, el calor se siente todo el día, irradiando y entibiando el aire interior, lo que hace que el agua que sale de las tuberías se perciba fría).

Entonces… refiero a que ya no me molesta el estar sudoroso ni tener que despertar en la madrugada para tomar agua.  He podido acondicionar… mi mente, sin depender de aparatos y sin maldecir al clima, al calentamiento global o a la constructora corrupta que crea latinoamericana bulla mediática que a nadie sirve pero que es muy buscada (ambivalencia humana).

De forma similar dejó de existir el frío de las duchas para todo el año, es decir, con el agua de la tubería en el invierno limeño (que no es invierno porque tenemos clima clasificado como templado durante todo el desértico año).

Así, parece fácil.  Por eso sorprende ver a un turista finlandés, por ejemplo, caminar con pantalones cortos en los meses húmedamente tiritantes de nuestra arcillosa ciudad…

…y, también, sorprende ver cómo recién llegados al barrio talan un árbol de 30 años mientras que otros mojan la vereda todas las mañanas para “limpiarla”.  Pienso que estos tampoco existen.